El Perú amaneció con un nuevo gabinete ministerial juramentado, pero no con un giro abrupto en la conducción del Estado. La principal señal política —y técnica— que deja la reciente designación es la continuidad. En un país marcado por la inestabilidad y los constantes cambios de ministros en los últimos años, la permanencia de varios titulares en sus carteras representa un mensaje claro: consolidar lo avanzado y evitar retrocesos innecesarios.
La decisión de mantener a diversos ministros no es menor. La administración pública requiere procesos, no sobresaltos. Las políticas públicas —especialmente en economía, educación, infraestructura y seguridad— demandan tiempo, seguimiento y coherencia. Cada cambio abrupto implica curvas de aprendizaje, ajustes de equipos y redefiniciones que muchas veces frenan los resultados. En ese contexto, la continuidad no es inmovilismo; es estabilidad para ejecutar.
Un segundo elemento relevante es la promoción interna. La ahora presidenta del Consejo de Ministros proviene del Ministerio de Economía, mientras que el nuevo titular de esa cartera fue hasta hace poco viceministro. No se trata de improvisaciones externas ni de cuotas políticas sin experiencia en gestión pública, sino de cuadros que ya conocen la estructura estatal, los equipos técnicos y los desafíos presupuestales. Este patrón se repite en otros sectores donde viceministros han asumido responsabilidades mayores.
Este tipo de ascensos transmite un aporte por la meritocracia. En un Estado eficiente, la experiencia acumulada y el conocimiento técnico deben ser activos fundamentales. Promover desde dentro no solo fortalece la institucionalidad, sino que envía un mensaje a la burocracia: el esfuerzo y la capacidad pueden tener recompensa. Es un incentivo correcto en una administración que necesita profesionalizarse cada vez más.
Además, el perfil general del gabinete apunta hacia lo técnico. En un escenario político fragmentado y polarizado, reducir la carga ideológica en la gestión cotidiana puede ser una estrategia pragmática. El país enfrenta desafíos estructurales que no admiten distracciones: crecimiento económico sostenido, lucha contra la pobreza, seguridad ciudadana, mejora de la calidad educativa y fortalecimiento de los servicios públicos.
Sin embargo, ningún gabinete —por más competente que sea— podrá alcanzar resultados si el entorno político y social continúa atrapado en la confrontación permanente. Las reformas necesarias para impulsar un crecimiento alto y sostenido no son de corto plazo ni dependen únicamente de decretos. Requieren acuerdos, estabilidad normativa y una visión compartida de futuro. La experiencia internacional demuestra que las transformaciones profundas se construyen con continuidad y disciplina, no con rupturas constantes.
El nuevo gabinete tiene, entonces, una doble tarea: demostrar que la técnica puede imponerse sobre la improvisación y recuperar la confianza ciudadana en la capacidad del Estado. Pero también el país en su conjunto enfrenta un desafío mayor: entender que el desarrollo no es responsabilidad exclusiva de los ministros, sino un esfuerzo colectivo que exige unidad en los objetivos fundamentales.
La renovación ya está en marcha. Ahora comienza la etapa decisiva: convertir la estabilidad y el perfil técnico en resultados concretos. Porque en el Perú de hoy, más que discursos, lo que se exige son logros

No comments:
Post a Comment