En el Perú, en América Latina y en gran parte del mundo en vías de desarrollo, la política muchas veces cae en lo mismo: mediocridad, facilismo y populismo. Cada cierto tiempo aparecen políticos ofreciendo subir el salario mínimo vital como si esa fuera la solución mágica para que la gente viva mejor. Lo anuncian para ganar votos, para quedar bien, para conquistar poder político. Pero casi nunca hablan de lo realmente importante: aumentar la productividad del país.
Y ahí está el verdadero problema. Un país no se desarrolla porque un político firma un decreto aumentando salarios. Un país se desarrolla cuando produce más, mejor y con mayor eficiencia. Cuando sus trabajadores, empresas e instituciones pueden generar más valor usando los mismos recursos. Eso es productividad.
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