Thursday, July 9, 2026

Nearshoring, friendshoring y el nuevo gobierno del Perú: oportunidad industrial y tecnológica

El nuevo escenario internacional abre una oportunidad histórica para el Perú. La competencia entre Estados Unidos y China, la reorganización de las cadenas globales de producción y las estrategias de nearshoring y friendshoring están llevando a muchas empresas internacionales a buscar nuevos países donde invertir, producir y reducir riesgos. El reto del Perú es convertir esta coyuntura en una nueva etapa de industrialización basada en inversión, tecnología y mayor valor agregado.

Un gobierno favorable a la inversión extranjera puede convertirse en un factor decisivo. La inversión extranjera directa no solo aporta capital; también trae tecnología, conocimiento empresarial, estándares internacionales, productividad y conexión con los mercados globales. La experiencia de países como México, Vietnam, Malasia e Indonesia demuestra que la llegada de grandes empresas puede transformar la estructura productiva de una economía.

La gran apuesta estratégica del Perú debe ser la creación de polos industriales modernos, especialmente la Zona Económica Especial Privada de Ancón, ubicada en un punto estratégico entre los puertos del Callao y Chancay. Esta zona puede convertirse en una plataforma para atraer empresas de clase mundial de sectores como manufactura avanzada, electrónica, logística, tecnología, autopartes, energía y servicios globales.

Sin embargo, el objetivo no debe ser únicamente atraer empresas extranjeras, sino generar encadenamientos productivos con empresas peruanas. Las compañías nacionales deben integrarse a estas cadenas globales como proveedoras de bienes, servicios, componentes e innovación. El desafío es pasar de exportar materias primas a producir bienes con mayor valor agregado.

Un ejemplo clave es el cobre. Perú es uno de los mayores productores mundiales, pero puede avanzar hacia una nueva etapa: desarrollar productos derivados como cables eléctricos, componentes para energías renovables, equipos industriales y manufacturas vinculadas a la electrificación mundial. La minería puede convertirse en la base de una industria tecnológica nacional.

Los casos de México y Vietnam muestran caminos diferentes. México ha aprovechado el nearshoring por su cercanía con Estados Unidos y ha desarrollado industrias automotrices, electrónicas y manufactureras. Vietnam, en cambio, representa un modelo más cercano al friendshoring y la estrategia China + 1: empresas como Samsung, Apple (a través de sus proveedores), compañías coreanas, japonesas y chinas instalaron operaciones productivas, convirtiendo al país en un importante centro manufacturero y tecnológico. Empresas vietnamitas como Viettel muestran cómo la inversión extranjera puede ayudar a crear capacidades nacionales.

Perú puede aprender de estas experiencias. La Zona Económica Especial de Ancón debe buscar atraer empresas líderes mundiales, pero también impulsar empresas peruanas capaces de crecer alrededor de ellas. El objetivo debe ser crear un ecosistema donde compañías extranjeras, empresas nacionales, universidades y Estado trabajen juntos.

El desarrollo también debe ser regional. En el norte del país existe potencial para impulsar biotecnología agrícola, semillas mejoradas, agroindustria avanzada y energías renovables como la eólica. En el sur, la riqueza minera puede convertirse en una plataforma para desarrollar fundición moderna, transformación del cobre y manufactura industrial vinculada a los minerales estratégicos.

La infraestructura será fundamental. El puerto de Chancay puede convertirse en una puerta de conexión con Asia, pero necesita integrarse con corredores logísticos nacionales y proyectos como el tren bioceánico hacia Brasil, que permitiría ampliar el mercado y conectar al Perú con Sudamérica. Las empresas internacionales buscan no solo recursos, sino también mercados, infraestructura y condiciones competitivas.

Para lograrlo, se necesitan varios actores trabajando coordinadamente. El Estado debe garantizar infraestructura pública, seguridad ciudadana, estabilidad jurídica, cumplimiento de contratos, servicios básicos eficientes y un gobierno digital moderno. Las universidades deben formar capital humano especializado en ingeniería, tecnología, ciencia y gestión empresarial. Las empresas deben invertir, innovar y desarrollar proveedores nacionales.

La experiencia internacional demuestra que construir empresas competitivas toma tiempo. Muchas compañías tecnológicas e industriales requieren alrededor de una década para consolidarse. Por eso, la estrategia debe ser de largo plazo y contar con políticas estables que permitan acelerar el aprendizaje productivo.

El Perú tiene recursos naturales, ubicación estratégica en el Pacífico, talento humano y una oportunidad internacional única. La meta debe ser clara: atraer empresas de alta tecnología, crear industrias nacionales competitivas y transformar las ventajas naturales del país en productos, empleo calificado y desarrollo económico. 

El desafío del nuevo gobierno será convertir la oportunidad del nearshoring y el friendshoring en una verdadera política de industrialización moderna.

Tuesday, June 23, 2026

Perú aumenta 73.5% la IED y alcanza el cuarto puesto en la región

Perú registró un incremento de 73.5% en la inversión extranjera directa (IED), el mayor crecimiento de toda América Latina en el último periodo analizado, lo que le permitió ubicarse en el cuarto lugar entre los principales destinos de capital en la región.

Este resultado marca un punto de inflexión positivo para la economía peruana, que venía de años de desempeño más débil en la captación de inversiones debido a episodios de inestabilidad política y menor confianza empresarial. El nivel actual de IED supera nuevamente el umbral de los US$ 11.000 millones, considerado por analistas como un rango más cercano al “estado natural” de atracción de capital del país en condiciones de estabilidad macroeconómica.

El repunte contrasta con el comportamiento reciente, cuando tras un pico de recuperación en 2022, los flujos de inversión tendieron a desacelerarse. El nuevo crecimiento sugiere una mejora en las expectativas de los inversionistas internacionales, especialmente en sectores vinculados a recursos naturales, infraestructura y servicios.

Sin embargo, el desafío no es solo atraer capital, sino transformarlo en desarrollo productivo sostenido. Una parte significativa de la inversión reciente proviene de economías asiáticas, lo que abre una oportunidad clave para avanzar hacia la transferencia tecnológica, la articulación con empresas locales y el fortalecimiento de las cadenas de valor nacionales.

El reto central para el país es evitar que este flujo de capital se concentre únicamente en actividades extractivas. En cambio, se busca que impulse la modernización económica mediante infraestructura pública, mejora del capital humano, fortalecimiento de la salud y educación, y la expansión de la productividad en sectores no tradicionales.

Experiencias de economías asiáticas muestran que la inversión extranjera puede convertirse en un motor de desarrollo sostenido cuando se integra con políticas industriales activas, innovación tecnológica y planificación estatal eficiente. En ese sentido, el desafío peruano es consolidar un entorno de estabilidad que permita que la inversión privada, pública y extranjera se traduzca en mayor valor agregado, empleo formal y crecimiento de largo plazo.

La recuperación de la inversión extranjera directa es, por tanto, una señal positiva, pero su verdadero impacto dependerá de la capacidad del país para convertir este ciclo en una estrategia sostenida de desarrollo económico, innovación y diversificación productiva.

Tuesday, June 16, 2026

Del campo a la ciudad y del país al extranjero: una nueva estrategia de desarrollo para el Perú

A propósito del reciente proceso electoral en el Perú, se vuelve a discutir qué tipo de modelo de desarrollo necesita el país. Más allá de los resultados, lo relevante es identificar qué propuestas se alinean mejor con la estructura real del Perú: una sociedad cada vez más urbana y profundamente conectada con el extranjero.

Una de las ideas centrales del desarrollo económico es la migración del campo a la ciudad. Este proceso ha sido clave en la reducción de la pobreza en distintos países, porque las ciudades concentran empleo, servicios públicos, educación e infraestructura. Cuando esta migración es ordenada, permite mejorar la productividad y ampliar las oportunidades.

China representa un caso emblemático de esta transformación. Tras la consolidación del Estado bajo el liderazgo de y las reformas posteriores impulsadas por , se produjo una urbanización masiva que integró a millones de personas al sector industrial urbano, reduciendo significativamente la pobreza y reconfigurando la estructura económica del país.

Sin embargo, este proceso solo es exitoso cuando se gestiona de manera planificada. La urbanización desordenada puede generar informalidad, precariedad y desigualdad urbana, problemas aún presentes en varios países de América Latina, incluido el Perú.

El segundo eje es la movilidad internacional del capital humano. Países como han demostrado que la formación en el extranjero permite incorporar conocimiento, tecnología y capacidades que luego se traducen en desarrollo interno. China también ha seguido esta estrategia, combinando expansión educativa interna con formación internacional y retorno de talento.

En este contexto, el proceso electoral reciente en el Perú ha evidenciado con mayor claridad la importancia del voto urbano, del voto rural y de la participación de los peruanos en el exterior en la configuración de las preferencias nacionales. Esta dinámica refleja la diversidad estructural del país y la necesidad de que todas estas dimensiones sean integradas en el diseño de políticas públicas y en la orientación del desarrollo económico.

Desde esta perspectiva, las estrategias de desarrollo más consistentes son aquellas que fortalecen una urbanización ordenada —con mejores servicios, vivienda y empleo— y que, simultáneamente, promueven la formación internacional de jóvenes peruanos con capacidad de retorno e integración al sistema productivo.

El actual proceso electoral ha puesto en evidencia una tendencia hacia propuestas más modernas en el debate público, caracterizadas por mayor apertura económica, énfasis en la estabilidad macroeconómica, respeto a los contratos y fortalecimiento de la confianza para la inversión. 

En ese sentido, el voto urbano, el voto rural y la participación de los peruanos en el exterior deben entenderse como partes complementarias de un mismo proceso nacional, y seguir siendo motores integrados del desarrollo del Perú, orientado hacia un crecimiento sostenido, articulado e inclusivo.

Thursday, June 11, 2026

Mi odio personal

En toda sociedad democrática existen diferencias políticas, ideológicas y personales. Es natural que las personas tengan preferencias, críticas o desacuerdos respecto a líderes, partidos o autoridades. Sin embargo, surge un problema cuando el odio hacia una persona se convierte en el principal motor de la acción política.

Muchas personas dedican sus esfuerzos a construir una familia, desarrollar una profesión, emprender un negocio o contribuir al progreso de su comunidad. Otras, en cambio, terminan concentrando gran parte de su energía en la confrontación permanente y en la animadversión hacia determinados personajes políticos. Cuando el odio se convierte en el centro de la vida pública, los problemas reales del país pasan a un segundo plano.

El Perú enfrenta desafíos mucho más importantes que las rivalidades personales. Necesita más inversión para generar empleo, instituciones sólidas para garantizar estabilidad, una educación de calidad para formar ciudadanos y un Estado capaz de brindar servicios eficientes. La discusión política debería concentrarse en cómo alcanzar estos objetivos y no en alimentar resentimientos.

La historia peruana demuestra que este fenómeno no es nuevo. Distintas generaciones han desarrollado sentimientos de rechazo hacia diversas figuras políticas. Lo preocupante es que, independientemente de quién sea el objetivo, la lógica sigue siendo la misma: definir la política por el rechazo a una persona antes que por propuestas para el país.

Una democracia madura requiere ciudadanos capaces de evaluar a los gobernantes con objetividad. Los líderes deben ser juzgados por sus resultados, por su respeto a las instituciones y por su capacidad para mejorar la vida de la población. El criterio principal no debería ser cuánto odiamos a alguien, sino cuánto contribuye o perjudica al desarrollo nacional.

El Perú necesita menos odio y más reflexión. Necesita ciudadanos que piensen primero en el futuro del país y comprendan que el bienestar colectivo es más importante que cualquier rivalidad personal. Cuando el odio domina la política, todos pierden. Cuando prevalece el interés nacional, gana el Perú. :::

Friday, May 22, 2026

Exigamos la productividad Mínima Vital: la verdadera receta para desarrollar el Perú

 En el Perú, en América Latina y en gran parte del mundo en vías de desarrollo, la política muchas veces cae en lo mismo: mediocridad, facilismo y populismo. Cada cierto tiempo aparecen políticos ofreciendo subir el salario mínimo vital como si esa fuera la solución mágica para que la gente viva mejor. Lo anuncian para ganar votos, para quedar bien, para conquistar poder político. Pero casi nunca hablan de lo realmente importante: aumentar la productividad del país.


Y ahí está el verdadero problema. Un país no se desarrolla porque un político firma un decreto aumentando salarios. Un país se desarrolla cuando produce más, mejor y con mayor eficiencia. Cuando sus trabajadores, empresas e instituciones pueden generar más valor usando los mismos recursos. Eso es productividad.

Thursday, May 21, 2026

Odio personal o amor por el Perú

En el Perú, la política dejó hace tiempo de ser un debate sobre ideas y se convirtió, para muchos, en una guerra emocional. Ya no importa únicamente quién puede generar más crecimiento, más empleo o más estabilidad. Para una parte del país, lo más importante parece ser derrotar, destruir o impedir que “el otro” gobierne, incluso si eso termina perjudicando al propio Perú.

Ese es el gran problema nacional: cuando el odio personal pesa más que el interés colectivo, el país entero se paraliza. Durante años, el Perú avanzó gracias a la estabilidad económica, la inversión privada y la apertura al crecimiento. Millones de peruanos salieron de la pobreza porque hubo empleo, obras, comercio y oportunidades. El crecimiento económico no era una teoría: era la diferencia entre una familia sin futuro y una familia que podía progresar.

Pero hoy el país vive atrapado en una confrontación permanente. Cada elección se convierte en una batalla de destrucción mutua. Muchos ciudadanos ya no votan pensando en quién puede hacer crecer al Perú, sino en quién puede derrotar al enemigo político que odian. Y cuando una nación vota desde el resentimiento, termina castigándose a sí misma.

Porque el crecimiento económico no nace del odio. Nace de la confianza. La inversión llega cuando hay estabilidad, reglas claras y orden. Más inversión significa más empresas. Más empresas significan más empleo. Más empleo significa mayores ingresos para las familias. Y mayores ingresos permiten invertir en educación, vivienda, infraestructura y calidad de vida.

Ese es el círculo del progreso. En cambio, la guerra política permanente destruye confianza, espanta inversiones y frena proyectos. El país entra en incertidumbre constante. Nadie quiere invertir en una nación donde cada gobierno enfrenta sabotaje total desde el primer día y donde la política funciona como una vendetta interminable.

El Perú no necesita fanáticos. Necesita ciudadanos objetivos. No se trata de amar ciegamente a un político ni de justificar errores. Se trata de entender una verdad básica: el país debe estar por encima de las emociones personales. La pregunta que debería hacerse cada peruano no es “¿a quién odio menos?”, sino “¿quién puede generar más crecimiento, más empleo, más infraestructura, más orden y mejores servicios públicos?”.

Los países desarrollados no avanzaron porque sus ciudadanos vivían destruyéndose entre sí. Avanzaron porque entendieron que la estabilidad, el trabajo y la inversión son pilares fundamentales del progreso nacional.

El Perú todavía tiene una enorme oportunidad. Tiene recursos, talento, capacidad emprendedora y una población trabajadora. Pero ningún país puede desarrollarse si vive atrapado en conflictos políticos eternos.

La decisión es simple y profunda al mismo tiempo: seguir alimentando el odio personal o empezar a pensar en el Perú. Porque una nación que vota desde el resentimiento puede ganar una batalla política momentánea, pero termina perdiendo su futuro.

Wednesday, May 20, 2026

La Trampa de la OCDE y alerta de politicas que debe importar el Perú

La promesa de ingresar a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), el exclusivo "club de los países ricos", suele venderse como el sello definitivo de modernidad y éxito institucional. Sin embargo, para América Latina, la importación ciega de estos manuales diseñados en París se está convirtiendo en una pesadilla burocrática que estrangula la inversión privada y el crecimiento económico. Chile, México y Colombia son hoy el espejo roto en el que el Perú debe mirarse con urgencia y cautela antes de asumir compromisos que terminen por asfixiar su propio desarrollo.


El error de fondo de esta estrategia es la asimetría institucional. Un estándar ambiental o regulatorio de vanguardia funciona con éxito en Alemania, Canadá o Japón porque esas naciones poseen burocracias hiperconectadas, predictivas y eficientes. Tienen la fuerza institucional y los recursos para procesar exigencias complejas a gran velocidad. En los países en vías de desarrollo, por el contrario, la institucionalidad es estructuralmente débil. Al superponer regulaciones del primer mundo sobre aparatos estatales ineficientes, el resultado no es una mejor protección del entorno, sino la parálisis total del capital debido a una densa e insaltable red de tramitología y "permisología".

El caso de Chile es el más dramático y aleccionador de la región. Considerado durante décadas el motor económico de Sudamérica y el alumno ejemplar en la atracción de capitales, el país vive hoy un severo estancamiento de inversiones. Sus normativas alineadas con las directrices de la OCDE han creado un cuello de botella donde proyectos mineros multimillonarios y plantas de energía renovable pasan años atrapados en laberintos legales y revisiones redundantes, obligando hoy a su clase política a debatir reformas de emergencia para desmantelar la burocracia que ellos mismos crearon. Síntomas similares sufre Colombia, donde la judicialización extrema de las licencias ambientales ha paralizado la infraestructura vial, y México, donde la incertidumbre jurídica ahuyenta capitales hacia mercados más pragmáticos.

El Perú se encuentra en pleno proceso de adhesión a la OCDE, y es aquí donde se requiere la máxima alerta. El país no puede cometer el error de importar recetas cerradas de manera acrítica. Lo que se necesita es un enfoque de importación adecuada de políticas públicas: adoptar las buenas prácticas de transparencia, pero rechazar tajantemente las camisas de fuerza regulatorias que pretendan frenar motores clave como la minería, la agroexportación o la infraestructura logística.

Para una economía con altos índices de informalidad, las prioridades urgentes deben ser el crecimiento económico sostenido, el aumento de la productividad, la educación de calidad y la eliminación de la pobreza mediante políticas pragmáticas que funcionen en la realidad local. Forzar estándares avanzados antes de tiempo es sabotear el bienestar de la población. El pragmatismo debe imponerse: el Perú debe alcanzar los niveles de ingresos y solidez institucional de un país desarrollado primero para, recién entonces, ingresar formalmente a la OCDE.

 

Nearshoring, friendshoring y el nuevo gobierno del Perú: oportunidad industrial y tecnológica

El nuevo escenario internacional abre una oportunidad histórica para el Perú. La competencia entre Estados Unidos y China, la reorganización...