Friday, February 20, 2026

La fragmentación política en el Perú y su impacto en el desarrollo

Perú atraviesa una crisis política estructural marcada por la existencia de más de 30 partidos, un fenómeno que no solo refleja diversidad, sino también un problema de fondo: la corrupción institucionalizada desde los propios partidos. La corrupción comienza en el momento en que los partidos seleccionan a sus candidatos y se organizan para la campaña nacional. Allí, la prioridad no es el interés del país, sino la apropiación de los más altos cargos del Estado y de sus recursos, con fines personales.

Esta lógica individualista genera un sistema donde los consensos se vuelven imposibles. Cada partido busca “su negocio”, privatizando decisiones que deberían estar orientadas al interés nacional. Así, la planificación del desarrollo económico y social queda subordinada a los intereses de pocos, mientras las necesidades de la población quedan relegadas.

El interés nacional debería centrarse en pilares claros: inversión pública en infraestructura y educación, lucha efectiva contra la corrupción, eficiencia en los servicios públicos, reducción de la burocracia, crecimiento económico sostenido y generación de empleo formal. Sin embargo, estos objetivos quedan en segundo plano frente al reparto político de ministerios y recursos.

Perú tiene fortalezas innegables: abundantes recursos naturales, inversiones extranjeras, proyectos estratégicos y una población trabajadora y emprendedora. Pero estas ventajas se desperdician cuando la política se orienta al beneficio individual. La experiencia de los países del Este Asiático y, más recientemente, de China, demuestra que el desarrollo requiere disciplina institucional, visión de largo plazo y un compromiso colectivo con la mejora de la calidad de vida de la población.

La fragmentación política y la competencia por los recursos dentro de los partidos reducen la capacidad del país de generar crecimiento económico sostenido y limitar las posibilidades de desarrollo humano. Mientras persista esta cultura política centrada en el interés personal, Perú seguirá desaprovechando sus oportunidades y sus enormes potencialidades.

Es hora de que la política deje de ser un negocio privado y comience a servir al país, al desarrollo, y a la población que tiene las ganas y la capacidad para construirlo.

Perú vota sin brújula económica

La reciente elección en el Congreso no es un hecho aislado: es un síntoma más de una política que ha perdido el norte. En un país que crece poco, que arrastra años de inestabilidad y que necesita inversión urgente para generar empleo, la señal enviada al mercado y a la ciudadanía vuelve a ser la misma: incertidumbre.

Cuando el liderazgo institucional se define no por experiencia, capacidad de gestión o credibilidad ante los agentes económicos, sino por cálculos internos, alianzas coyunturales o repartos de poder, el mensaje es devastador. Las empresas —nacionales y extranjeras— no invierten donde no hay previsibilidad. Y el Perú hoy ofrece exactamente lo contrario: fragmentación, confrontación y sospecha permanente.

No se trata de personas, sino de incentivos. El problema no es un nombre propio, sino un sistema político donde la negociación de cargos pesa más que la construcción de estabilidad, donde la popularidad momentánea pesa más que la trayectoria, y donde el cálculo de corto plazo desplaza cualquier visión de desarrollo.

El resultado es un país atrapado en un círculo vicioso: bajo crecimiento, mayor frustración social, mayor polarización y decisiones políticas cada vez menos orientadas al interés nacional.

La democracia no fracasa por exceso de debate, sino por ausencia de responsabilidad. Elegir autoridades debería significar elegir certidumbre, gobernabilidad y reglas claras. Mientras la política siga priorizando la revancha, la desconfianza y la lógica de facciones, el crecimiento seguirá siendo insuficiente y el empleo formal seguirá siendo escaso.

La verdadera reforma pendiente no es solo institucional; es cultural. Necesitamos una política que compita por propuestas, no por cuotas; que busque estabilidad, no aplausos; que entienda que sin inversión no hay empleo y sin empleo no hay paz social.

El Perú no puede darse el lujo de seguir votando sin brújula económica.

Thursday, February 19, 2026

El crecimiento económico como prioridad en el Perú: más allá de la polarización política

En el Perú, el debate político reciente ha estado marcado por discursos polarizados y preocupaciones sobre la ideología de los grupos gobernantes, en lugar de centrarse en la necesidad urgente de un crecimiento económico sostenido y legal, libre de corrupción. El nuevo presidente, proveniente de un sector identificado como de izquierda, ha generado expectativas y temores entre distintos sectores de la sociedad, pero en su discurso inaugural y en las primeras opiniones de los analistas, el tema del crecimiento económico apenas se mencionó. Esta ausencia es preocupante, porque sin un crecimiento real y sostenido, el país enfrenta serias dificultades para atender problemas estructurales como el empleo formal, la reducción de la pobreza y la desigualdad, y garantizar la financiación de los servicios públicos esenciales.

El Perú ha mostrado en los últimos años un crecimiento económico insuficiente frente a sus desafíos sociales y estructurales. Esta realidad hace evidente que se requiere una política enfocada en atraer inversión extranjera, estimular la inversión privada, y garantizar que la inversión pública cumpla un rol estratégico en infraestructura, conectividad y modernización del Estado. No obstante, el éxito de estas medidas está íntimamente ligado a la eficiencia del aparato burocrático y la lucha contra la corrupción. La corrupción no solo reduce la efectividad de los recursos públicos, sino que también representa un freno directo al crecimiento sostenible: los proyectos se retrasan, los costos aumentan y se disuade la inversión.

La economía no puede depender únicamente de políticas de corto plazo ni de la retórica ideológica. Un país necesita crecimiento económico real para generar empleos de calidad, fortalecer el mercado interno, y sostener los programas sociales que permiten reducir desigualdades. La unidad nacional en torno a políticas de crecimiento es más urgente que nunca, especialmente en un contexto de polarización política donde el debate se centra en posiciones partidarias más que en soluciones concretas.

Por ello, cualquier estrategia de gobierno debe reconocer que el crecimiento económico legal, transparente y sostenido es el motor que permite a los peruanos mejorar su calidad de vida. Esto implica priorizar la inversión, agilizar la burocracia, asegurar la transparencia de los procesos públicos y fomentar un clima de confianza para inversionistas. Solo así se puede transformar el potencial del Perú en resultados tangibles para su población. Ignorar esta realidad, o postergar la discusión sobre crecimiento, es poner en riesgo el limitado progreso alcanzado y comprometer la capacidad del país para enfrentar sus desafíos sociales y económicos.

Ciertamente, la política peruana debe ir más allá de la polarización y la confrontación ideológica, y centrarse en lo esencial: hacer crecer la economía de manera sostenible, legal y transparente. El futuro del país depende menos de debates sobre etiquetas políticas y más de decisiones que impulsen el desarrollo económico real, combatan la corrupción y fortalezcan la inversión en todos los sectores estratégicos.

Sunday, February 15, 2026

Puerto de Chancay, geografía económica y modelo de aglomeración chino

El Puerto de Chancay representa hoy una oportunidad estratégica para el desarrollo industrial y económico del Perú, un nodo clave capaz de transformar los recursos naturales del país en manufactura avanzada y exportaciones de alto valor agregado. La geografía económica, entendida como una teoría que analiza cómo el espacio, la ubicación y la infraestructura condicionan la producción, el comercio y la competitividad, ofrece un marco sólido para planificar esta transformación. Según Paul Krugman y otros teóricos modernos, la concentración estratégica de empresas, capital y trabajadores en un territorio específico genera productividad, innovación y ventajas competitivas sostenibles, elementos que Perú puede aprovechar plenamente.

El puerto y sus zonas económicas adyacentes permiten agrupar empresas, optimizar la logística y facilitar el transporte de insumos y productos terminados, replicando lo que ha funcionado en otras regiones del mundo. Un ejemplo paradigmático es el este de China, donde, a partir de la apertura económica de 1978 promovida por Deng Xiaoping, se concentraron industrias en ciudades cercanas a economías desarrolladas como Corea y Japón. Allí, la política de apertura y liberalización, las joint ventures con empresas extranjeras, la meritocracia en las empresas estatales y el surgimiento de empresas privadas dinámicas generaron un motor industrial capaz de producir tecnología, marcas propias y exportaciones competitivas. Esta experiencia muestra cómo la agregación industrial, combinada con planificación y transferencia tecnológica, puede transformar una región en un polo de desarrollo económico global.

Perú posee hoy condiciones aún más favorables: infraestructura portuaria moderna, empresas constituidas, recursos humanos calificados y acceso a mercados internacionales a través de socios comerciales estratégicos como China y otros países asiáticos. La clave está en planificar con visión, aglomerar la industria alrededor del Puerto de Chancay, fomentar alianzas público-privadas y garantizar la transferencia tecnológica para aumentar la productividad y aprovechar al máximo las ventajas comparativas dinámicas del país.

Un elemento central de esta estrategia es convertir los recursos naturales en productos manufacturados de alto valor agregado, especialmente a partir del cobre. Entre los productos de mayor relevancia económica destacan cables eléctricos de alta tensión, alambres y conductores especializados, hilos para motores y generadores, transformadores eléctricos, componentes para baterías avanzadas y conductores para energías renovables. Estos productos no solo generan valor agregado, sino que también permiten integrar Perú en cadenas globales de tecnología e innovación, replicando la lógica de crecimiento que hizo exitoso al este de China.

Con esta estrategia, Perú puede consolidar un círculo virtuoso de desarrollo industrial, aumentando empleo calificado, exportaciones, ingresos fiscales y capacidades tecnológicas. El país tiene todos los ingredientes para replicar el éxito de China: infraestructura portuaria, recursos naturales, capital humano y socios comerciales estratégicos. Solo falta empujar el carro con planificación efectiva, alianzas internacionales y visión de largo plazo, para que el Puerto de Chancay se convierta en el epicentro de la transformación industrial del Perú y un motor sostenible de crecimiento económico.

Estrategia industrial y de valor agregado a partir del cobre y el Puerto de Chancay

Perú cuenta hoy con una oportunidad histórica para potenciar su desarrollo económico e industrial a través del cobre y otros minerales estratégicos, aprovechando la infraestructura del Puerto de Chancay y las zonas económicas planificadas a su alrededor. Esta estrategia busca generar valor agregado, fomentar la manufactura y la tecnología local, incrementar exportaciones y diversificar la economía, creando empleos calificados y fortaleciendo la capacidad industrial del país.

El eje central de esta estrategia consiste en maximizar la producción de bienes que ya se producen y exportan, al mismo tiempo que se inicia la creación de nuevas industrias para productos derivados del cobre y sus aleaciones. La proximidad del Puerto de Chancay permite que la producción se conecte rápidamente con los mercados internacionales, reduciendo costos logísticos y acelerando la incorporación de productos peruanos de valor agregado en las cadenas globales.

La visión de largo plazo incluye capacitación de la fuerza laboral, transferencia tecnológica, integración de investigación y desarrollo, así como asociaciones estratégicas con empresas extranjeras, especialmente de Asia, para introducir innovación y modernizar los procesos de manufactura. Con este enfoque, Perú puede construir un círculo virtuoso de desarrollo económico, donde la industria local crece, se diversifica y genera ingresos fiscales sostenibles para financiar infraestructura, educación y otros sectores clave.

Tabla de productos de cobre: creación de nuevas industrias y expansión de existentes

Con esta tabla como guía, Perú puede planificar qué industrias ampliar y cuáles iniciar desde cero, usando las zonas económicas y el Puerto de Chancay como plataforma estratégica de desarrollo. La combinación de infraestructura, inversión extranjera, manufactura avanzada y exportación de productos de cobre con valor agregado permitirá fortalecer la economía, aumentar los ingresos fiscales, crear empleo calificado y desarrollar capacidades tecnológicas, generando un motor sostenible de crecimiento económico y social para el país.

Inversión Extranjera y Liderazgo Nacional para Proteger el Futuro de Perú

En medio de la creciente pugna geopolítica entre China y Estados Unidos por el control de infraestructuras estratégicas en América Latina, los países de la región enfrentan un dilema crucial: cómo atraer y proteger inversión extranjera sin sacrificar soberanía ni estabilidad política. La reciente decisión de la Corte Suprema de Panamá de anular la concesión de los puertos de Balboa y Cristóbal, operados por la empresa china CK Hutchison desde 1997 y prorrogada en 2021, se ha convertido en un caso emblemático de las tensiones geopolíticas que pueden afectar la confianza internacional y el flujo de capitales. 

Este fallo, interpretado como una respuesta a presiones de Estados Unidos para limitar la expansión china en el Canal de Panamá, ha llevado a China a amenazar con denuncias internacionales y represalias económicas y políticas, generando incertidumbre sobre la seguridad jurídica del país anfitrión. La lección para Perú y el resto de América Latina es clara: la inversión extranjera no puede ser sacrificada en la disputa entre potencias. Las inversiones estratégicas no solo generan empleo directo e indirecto, sino que permiten construir infraestructura crítica, aumentar la productividad, impulsar transferencias tecnológicas y sentar las bases para el desarrollo industrial.

Perú, con su posición geográfica privilegiada y su necesidad de infraestructura, se encuentra en un momento decisivo. A diferencia del Este asiático, donde la inversión extranjera se ha transformado en industrias nacionales y tecnología propia, América Latina aún no ha logrado consolidar un modelo sostenible de desarrollo industrial basado en inversión extranjera. Para alcanzar ese objetivo, se requiere un Estado con visión estratégica, capaz de mantener equilibrio geopolítico, garantizar seguridad jurídica y liderar con institucionalidad sólida.

La experiencia panameña demuestra que la falta de liderazgo y visión a largo plazo puede socavar la confianza internacional y limitar las oportunidades de desarrollo. Perú debe aprender que proteger la inversión extranjera, gestionarla para generar industrias nacionales y tecnología, y mantener una diplomacia equilibrada entre potencias, no es una opción: es una condición para garantizar crecimiento sostenible y seguridad estratégica.

En conclusión, la inversión extranjera en Perú debe convertirse en motor de creación industrial y tecnológica peruana, bajo un liderazgo político capaz de equilibrar presiones internacionales sin comprometer la estabilidad interna. Aprender de Panamá significa reconocer que el desarrollo no solo se construye con capital extranjero, sino con visión estratégica, institucionalidad robusta y liderazgo responsable.

Friday, February 13, 2026

Lo ocurrido en el Canal de Panamá no puede repetirse en el Puerto de Chancay

Los recientes hechos en el Canal de Panamá muestra con claridad cómo los intereses de Estados Unidos pueden interferir en proyectos estratégicos de terceros países. En aquel caso, una decisión judicial logró paralizar contratos previamente aprobados, afectando la inversión china  y el desarrollo económico del país centroamericano. Hoy, un escenario similar podría replicarse en el Puerto de Chancay —parte de la Iniciativa de la Franja y la Ruta de China— que se encuentra en la primera línea de esta pugna geopolítica.

Estados Unidos tiene un interés claro: neutralizar la expansión de China y frenar su crecimiento económico global. Para ello, intentaría impedir que proyectos como Chancay avancen de manera efectiva, reproduciendo la dinámica del Canal de Panamá. Sin embargo, estos intereses no son los del Perú. Para nuestro país, paralizar sería un error estratégico: el desarrollo de Chancay representa una oportunidad de crecimiento, generación de empleo, transferencia tecnológica y fortalecimiento de la industria.

El Puerto de Chancay es solo un nodo dentro de la red global de la Iniciativa de la Ruta y la Seda, que abarca prácticamente todos los continentes. Nuestra proximidad a Estados Unidos nos convierte en un punto de interés geopolítico, pero los verdaderos desafíos de soberanía no provienen de actores externos, sino de las debilidades internas del Perú. La corrupción, la ineficiencia regulatoria y la debilidad institucional son los factores que generan incertidumbre para la inversión privada, sin importar si los capitales provienen de China, Brasil, España o cualquier otro país.

Perú debe asumir la responsabilidad de fortalecer su poder judicial, sus ministerios y sus organismos reguladores. Solo con instituciones sólidas será posible garantizar contratos respetados, regulaciones claras y un desarrollo que beneficie simultáneamente a Perú y a sus socios. La inversión extranjera no es una amenaza; al contrario, es una herramienta de industrialización, integración tecnológica y crecimiento económico.

Por lo tanto, la prioridad no debe ser culpar a un país extranjero ni temer la expansión china. La prioridad es construir la fortaleza interna del Perú: consolidar la institucionalidad, proteger la soberanía y asegurar que proyectos estratégicos como el Puerto de Chancay se conviertan en motores de desarrollo sostenible. Solo así evitaremos que se repita lo ocurrido en el Canal de Panamá y podremos aprovechar plenamente las oportunidades que ofrece la construcción de infraestructura global liderada por China.

 

La fragmentación política en el Perú y su impacto en el desarrollo

Perú atraviesa una crisis política estructural marcada por la existencia de más de 30 partidos, un fenómeno que no solo refleja diversidad, ...