Por décadas, el Perú sufrió la maldición de los recursos naturales: dependiente de la exportación de materias primas, vulnerable a los vaivenes del mercado internacional y limitado en su capacidad de inversión y desarrollo. Sin embargo, los últimos años muestran un cambio radical: el país está dejando atrás ese pasado y se consolida como un líder mundial en agroexportación.
El año 2025 marcó un hito histórico. Perú no solo alcanzó
cifras récord en la exportación de productos agrícolas, sino que lo hizo con
una estrategia diversificada y sostenible, incorporando valor agregado y
promoviendo la modernización de sus sectores productivos. Este liderazgo
demuestra que, poco a poco, el país está curándose de la “enfermedad holandesa”,
aquella dependencia excesiva de materias primas que históricamente limitó su
desarrollo económico.
Este avance no es casualidad. Es el resultado de años de
inversión estratégica, desde infraestructura de riego y proyectos de irrigación
hasta asociaciones público-privadas que fortalecen la capacidad del Estado de
planificar y ejecutar a largo plazo. Gracias a ello, se está generando un
efecto multiplicador: el desarrollo agrícola promueve la industrialización, la
manufactura con valor agregado y la innovación tecnológica.
Pero más allá de la inversión, el verdadero motor es la institucionalidad. La continuidad en políticas de largo plazo, la solidez de los proyectos y la estabilidad de las instituciones permiten que estos avances sean permanentes y no se pierdan con cambios de gobierno. La experiencia demuestra que solo con visión, disciplina y persistencia se pueden transformar los recursos naturales en motor de desarrollo sostenido.
El liderazgo agroexportador no solo es un logro económico:
es un símbolo de la capacidad del Perú para superar siglos de dependencia y
fragilidad estructural. La agroexportación es la prueba de que el país puede
competir globalmente, diversificar su economía y trazar un camino hacia el
desarrollo pleno.
El desafío ahora es claro: acelerar los proyectos, expandir
el valor agregado, fortalecer la institucionalidad y mantener la visión de
largo plazo. Si Perú sigue por este rumbo, dejará de ser un país que solo
depende de sus recursos naturales para convertirse en un verdadero líder
mundial de producción, innovación y comercio agrícola.
El año 2025 no es solo un récord en cifras: es el primer
paso concreto de un país que se cura de su pasado y construye un futuro sólido.
Perú ya está demostrando que puede dejar atrás la maldición de los recursos
naturales, y lo hace con liderazgo, estrategia y visión nacional.
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