El Perú enfrenta un momento crítico para consolidar su potencial industrial y exportador: la implementación de las Zonas Económicas Especiales Privadas (ZEEP) alrededor del puerto de Chancay no puede seguir retrasándose. Estas zonas representan una oportunidad única para generar empleo formal, promover la innovación tecnológica y diversificar la economía nacional, pero su éxito depende de que el Estado actúe con rapidez y eficiencia.
Expertos señalan que la construcción y puesta en marcha de varias ZEEP requiere más que solo aprobar leyes: es indispensable contar con una gestión aduanera ágil, trámites simplificados, una burocracia eficiente y una infraestructura logística robusta que conecte las zonas con los principales mercados nacionales e internacionales. Solo así será posible que los productos peruanos —y de países vecinos como Brasil— incorporen valor agregado, fomentando exportaciones competitivas y fortaleciendo la integración con cadenas productivas globales.
A diferencia de China en 1978, cuando inició su política de apertura siendo un país extremadamente pobre, el Perú actualmente es un país de ingresos medios con recursos disponibles. Aunque enfrenta problemas de corrupción, baja productividad y rigidez burocrática, los recursos existen y pueden ser aprovechados de manera estratégica. Esto significa que, con gestión adecuada, las empresas peruanas pueden liderar la producción de bienes finales innovadores y tecnológicos, convirtiéndose en un motor inicial de desarrollo, mientras que la inversión extranjera puede complementar y expandir estas capacidades, sin depender de una sola potencia.
El retraso en acelerar estas ZEEP podría significar una pérdida de competitividad frente a otros países de la región que ya avanzan en la creación de hubs industriales y logísticos. La rapidez en implementar estas zonas será determinante para que el Perú no quede rezagado y pueda aprovechar su infraestructura portuaria, su ubicación estratégica y la disponibilidad de talento humano calificado.
En definitiva, Chancay y sus alrededores deben ser vistos como un punto de partida para una nueva apertura económica del Perú, capaz de atraer inversión, generar empleo digno, modernizar la producción y descentralizar el desarrollo económico. Cada semana de demora representa una oportunidad perdida para que el país avance hacia un modelo industrial competitivo, diversificado y tecnológico, capaz de transformar no solo la región, sino la economía nacional en su conjunto.
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