Friday, February 13, 2026

El Puerto de Chancay en la pugna entre Estados Unidos y China

El puerto de Chancay representa uno de los proyectos más estratégicos de inversión china en América Latina, y su análisis requiere comprender el modelo chino, la Iniciativa de la Franja y la Ruta, el papel de las empresas chinas y la capacidad institucional del Perú. China ha desarrollado un modelo económico basado en una combinación de planificación estatal, capacidad técnica y experiencia en la ejecución de grandes proyectos de infraestructura. Esta maquinaria permitió al país construir puertos, carreteras y ferrocarriles a gran escala dentro de su territorio y, posteriormente, exportar esa experiencia al exterior. A diferencia de otras potencias, China posee la capacidad de integrar financiamiento, empresas estatales y tecnología en proyectos complejos, asegurando eficiencia y continuidad.

La Iniciativa de la Franja y la Ruta no se limita a la construcción de infraestructura; constituye una estrategia global que fortalece el comercio y la influencia geopolítica de China. Chancay forma parte de una red que abarca Asia, y América Latina, ofreciendo financiamiento, construcción y operación de proyectos estratégicos, minimizando riesgos y asegurando control sobre los nodos logísticos. Aunque algunas narrativas externas describen estas iniciativas como “pérdida de soberanía”, los objetivos reales de China están principalmente vinculados a comercio, conectividad y proyección estratégica.

El éxito de Chancay depende en gran medida de la capacidad del Perú para ejercer su soberanía y fortalecer sus instituciones. Problemas en licencias, supervisión contractual, consultas comunitarias y cumplimiento ambiental evidencian debilidades funcionales del Estado. Aprovechar proyectos de esta magnitud exige estrategias claras de regulación, negociación y control, evitando depender únicamente de la diplomacia o del financiamiento extranjero. La fortaleza institucional permite al Estado peruano beneficiarse de la inversión, manteniendo autonomía y reduciendo riesgos geopolíticos.

Finalmente, Chancay se inscribe en un contexto global marcado por la competencia entre Estados Unidos y China. La inversión china se percibe como un desafío estratégico, mientras Estados Unidos busca limitar la expansión de China en la región. Perú debe mantener una estrategia independiente y equilibrada, aprovechando las oportunidades de inversión sin comprometer su soberanía ni depender de un solo actor internacional. Solo fortaleciendo la institucionalidad interna y consolidando su capacidad de supervisión y regulación, el Perú podrá convertir proyectos como Chancay en motores de desarrollo sostenible y al mismo tiempo garantizar que su inserción en la geopolítica global se haga con autonomía y eficacia.

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